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Como primer adelanto, y a mitad de la espera, les cuento que la superficie ya se me doró más de la cuenta. Un simple eufemismo de ESTA QUEMADA!!!
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Motivada por los aires navideños y quizás medio atontada por los calores pre veraniegos, sin mucha reflexión me lance a preparar esta propuesta de mi maestra cuando ya todos dormían, sin reparar que me quedaban, al menos tres horas por delate. Pero bueno, ya con las manos en la masa no había tiempo atrás.La primera parte, es preparar las frutas que irán dentro del pan. Por un lado hay que remojar 250 gramos de pasas rubias e igual cantidad de pasas morenas en cognac. Además, se necesitan 180 grs. de cáscaras de naranja y limón confitadas. Lo que yo hice en este caso fue cortar pequeñas julianas de ambas cáscaras y bañarlas en un caramelo, ya que no las encontré hechas. Teniendo listo esto, vamos a la masa.
Hay que mezclar 3 tazas 3/4 de harina, dos cucharaditas de polvos de hornear más todas las pasas ya remojadas y las cáscaras confitadas. Aparte, se derriten muy suavemente 250 grs de mantequilla mezclados con 1 1/4 taza de azúcar, se bate todo muy bien y se le añaden cuatro huevos de a uno. Ya listo, se suma a la harina con frutas. Luego se agrega el cognac en que que se remojaron las pasas y tres tazas de leche, quedando con la consistencia de una masa para queque (me entraron dudas con tanta leche, pero con el resultado en la mano, les puedo decir que no se asusten con las cantidades).
Eso sí, procuren escoger un recipiente bien profundo para revolver todo ya que es mucha cantidad!
Vacié todo a un molde de queque y me hice a la idea de que estaría por 3 horas (o hasta que el centro esté seco) en el horno a temperatura media.
Buscando cosas que hacer para evitar el sueño, me olvidé del bendito pab de Mr. Breeton hasta que el olor que llegaba de la cocina me alertó. La masa se había inflado, preciosa por sobre el molde pero la superficie de había dorado más de la cuenta. Con susto, para que no se me bajara, protegí la cubierta y me fui a dormir. A las tres horas sonó el despertado y medio sonámbula revisé si el corazón estaba seco, todo parecía en orden, y si faltaba algo de cocción, al menos todo quedaría dentro del horno tibio por otras horas más. Lo apagué y me fui.
A las 5:30 de la mañana, curiosa, no aguanté más y me levanté. Lo quemado no era tanto, sino un cafecito oscuro y su sabor estaba increíble...para adultos. Me pareció que la masa y las pasas estaban demasiado "borrachas para los niños". Al desperar no le dieron mucho boleto, salvo el Jose que picoteó toda la parte de arriba que no tenía frutas. Salvo ese detalle, en la medida que se fue enfriando bien, los sabores quedaron en su lugar, el nivel etílico bajó y lleva varios días ya sobre la cocina para que el que quiera picotee poniéndose cada vez más rico.
Eso sí, por un tema de peso, las pasas se fueron todas al fondo, quedando una línea divisoria claramente marcada entre el primer tercio superior, si nada, y los dos tercios inferiores, cargados de fruta y pasas.
Salvo eso, lo único que me queda agregar es que la receta es magnífica!



