Un encuentro azaroso

Jueves 29 de enero tipo medio día. La familia en pleno va rumbo al recién inaugurado Lider  Express de Maintencillo a comprar lo necesario para el almuerzo. Está nubladísimo y todos piden tallarines a la Putanesca y Pato, por su puesto, alguna sopa. Es tanto el apuro por salir que decidí meter  mi biblia en la cartera y así, ver in situ, lo necesario.
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Encontrarme con mi maestra a meses de terminar el desafío de una forma así, tan azarosa, fue un buen aliciente para lo que queda por delante.
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Entramos al estacionamiento cuando ahí, en medio de todo, conversado animadamente descubro que está Mi Maestra. Imagínense mi impresión. Apenas me sale la voz, pero todos logran escucharme claramente. Ahí está Lucía Santa Cruz. Después de todos los traspiés de este desafío, imagínense el griterío de la prole arriba del auto.
Mamá, párala, anda a saludar, Cristi, trajiste el libro acota Pato. Por su puesto que traigo el libro, siempre me muevo con él,  pero que verguenza, les digo. Como voy a ir a molestarla, en medio de un supermercado....bájate ahora me gritaron a coro, porque la vas a perder.
No tuve más opción. Me abracé al libro y partí haciéndole el quite a los autos del estacionamiento. Ella me vio avanzar tan decidida hacia ella que se sorprendió, pero cuando vio el libro en mis manos esbozó una sonrisa. De seguro le pasa todo el tiempo, sus seguidoras se acercan a decirle unas palabras y pedirle lo que yo haría minutos después, que me lo dedicara.
Lo primero que hice fue presentarme y contarle del blog, a sique cariñosamente me dio un abrazo y, por cierto me comentó que estaba al día con el proyecto. Cambiamos algunas palabras, le conté alguna de mis anécdotas y, por cierto, me dedicó mi libro, el que a estas alturas, imaginarán, esta bien a mal traer, con manchas de comida en cada página y las tapas parchadas más de alguna vez.
Nos reímos un rato y muy amablemente me comentó que debíamos juntarnos ya que no sería tan ingrata como Julia Child en la película que inspiró este desafío. Por su puesto, que lo haremos, le dije, pero primero debo terminar el desafío. Y así será. imagino.
Mientras conversábamos me extrañó que los niños no llegasen instantáneamente a pegotearse a mis piernas. Cuando les pregunté que había pasado me contaron que lo único que querían era correr a conocer a mi maestra e , incluso, la Clarita ya tenía la cámara de fotos en la mano para inmortalizar el evento. Su padre, los retuvo para evitar algún bochorno.
Ahhhh y por su puesto que me contó que más de alguna vez sus hijos le reclamaron porqué en la casa nunca había arroz con salchicha para comer. Si a ella le pasó, imaginense, que yo tenga que vivir lo mismo cada semana, me da igual. De todas formas, para mi consuelo, algo en ellos va quedando, una mínima cultura gastronómica se ha ido colando por su piel en todos estos meses. A tal punto que el menor de mis criaturas, a sus ingenuos 5 años, cada vez que hay que planificar el almuerzo, es muy explícito al pedir sus Tallarines a la Putanesca o su Creme Brûlée de postre o una rica Pavlova cuando la ocasión lo amerita. Eso sí, todo tiene que ir siempre con extra azúcar!!