----
Simplemente me agoté, engordé más de la cuenta y me quedé con un presupuesto mínimo.
----
Me pesaba. Por meses mi día partía tomándolo muy temprano en la mañana, revisarlo, leerlo, hojearlo y, más aún, cargarlo en mi cartera. Y todo sin que nadie me presionara. Fue por pura decisión. Y me agoté. Lo odie.Por un tiempo la idea fue cocinar cualquier cosa. Otro tiempo, ya mas estival, fue hacer un te más grande tipo 8 de la noche sin nada de carnes asadas, pollos con salsas o mariscos a la no se qué. Todo muy simple.
Los días se transcurrían uno tras otro y el libro pasó del protagonismo del mesón principal de la cocina a un estante más abajo, y más abajo, y más abajo. Hasta que un día volvió para ser consultado como recordatorio para recetas que gustaron a todos. Y empezó la repetición. Por cierto que cociné cosas nuevas, todas muy buenas. Pero ahí la idea de sentare a escribir comenzó a pesar también.Me gustaba cocinar, pero escribir ya era una obligación demasiado difícil de llevar.
He pecado porque he sido infiel. No he llegado al extremo se seguir recetas de otros libros, simplemente he empezado a comprar, a hojear, a marcar para cuando mi desafío se acabe. Probar cosas nuevas. Mezclar los aprendido con lo desconocido.
He pecado porque voy a ser incapaz de cumplir mi desafío en el plazo autoimpuesto y eso también me ha desmotivado. Lamentablemente no es remontable. El prespuesto, cada vez más reducido, mi peso, cada vez más elevado, con tanta crema y mantequilla y la cara de los niños, no muy feliz, con tanta rareza todos los días me hicieron reestudiar tanta tosudez. El libro se termina, de eso no hay duda, pero no ala fecha estipulada.
Eso sería...por ahora...



