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En dos palabras: fracaso total!
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Y digo experiencia porque la historia es larga. Por favor, háganse un café y tomen asiento. Lo primero, decirles que mi maestra cuenta que en las casas inglesas tipo octubre han terminado de preparar este Plum Pudding que emplearan para su almuerzo de navidad. Así es, dos meces de anticipación. Imagínense lo que es prepararlo en esta tierras, el dichoso pastelito se hierve seis horas seguidas para luego guardarse y el día en que se va a comer hay que hervirlo cuatro horas más. Que tal!Teniendo esto en mente, me lancé manos a la obra. Me pareció que diez horas continuadas gastando gas era un despropósito por lo que decidí que pasadas las seis horas, lo comeríamos. A si que, el 25 de diciembre ni les cuento como fue la hazaña.
Lo que si hice con semanas de anticipación fue ir juntando la lista de ingredientes: 750 grs de pasas sin pepas, fácil. 225 grs de frutas confitadas de la mejor calidad. Casi imposible. Las que venden en el Jumbo son unas cajas que gritan desde los estantes "somos pura azúcar química" y más encima, estuvieron siempre agotadas. Finalmente logré dar con un "miz tropical" que me pareció un tanto más apetitoso a pesar de que en su interior venía piña, mango y no se que otras frutas más que están lejos de crecer en Chile.
Sigamos. 225 grs de cerezas confitadas. Me asusté con ellas pero justo llegaron por esas fechas unas importadas que resultaron ser excelentes. Me encantaría probarlas ahora espolvoreadas en una ensalada llena de lechugas distintas. Rico no?.
La lista sigue: 100 grs de almendras peladas y picadas. Diremos que la parte del pelado (ponerlas en agua hirviendo por unos minutos) es lenta y las manos quedan hechas una miseria, pero es posible. Luego, 350 grs de migas de pan blanco y suave. Pensé que un buen pan de molde cumplía con el requisito. 8 huevos, bien. 2/3 de taza de cerveza morena. Bien por el surgimiento de una fuerte industria cervecera artesanal en Chile!!!!, 6 cucharadas de cognac y, escuchen esto, 350 grs. de grasa riñonada rallada. Así, tal cual.
Esto me dejó marcando ocupado por muchos días, finalmente una amiga chef me explicó que se trata, efectivamente, de grasa de riñon. Con niveles de tolerancia no muy altos por esos días -imaginen calor, niños aburridos post colegio en casa, compras navideñas, etc, et, etc,- me desligué de la tarea de dar en Santiago con el bendito ingrediente. Si era grasa, pues entonces usemos mantequilla y nada más que hablar.
Entonces, vamos con la preparación. La parte fácil es que hay que mezclarlo todo, dejándolo reposar de un día para otro. La parte compleja es lo que viene.
Hay que tomar un bol redondo o dos pequeños que sean de porcelana o un material que resista bien el calor y enmantequillarlos, poniendo la mezcla adentro sin llenar demasiado. Luego, se cubre todo con papel de aluminio, también enmantequillado, procurando que quede lo más sellado posible. Acto seguido, hay que envolver el recipiente con un paño de lino blanco (no se que pasaría si fuera rojo, en fin, por suerte conseguí del color apropiado) de forma que quede muy bien amarrado y apretado.
En una olla extra large se hierve agua y se coloca el o los recipientes dentro, sobre unos platillos viejos, chequeando que el agua les llegue a la mitad de su alto. Ahora, hervir de forma sostenida por seis horas agregando agua en la medida que sea necesario. Ufffff
Se lo van imaginando? por cierto que el agua se me coló por todos lados y la mantequilla comenzó a mezclarse con el agua....osea...un puro desastre. Se supone que una vez finalizada esta etapa se guarda, para luego volver a hervirlo por 4 horas el 25 de diciembre. Como les contaba yo decidí saltarme este último paso y lo serví directamente. Logré desmoldarlo. El pudding había cuajado y mantuvo la forma. Al servirlo, hay que flambearlo con cognac y una mezcla caliente, escuchen esto, de mantequilla y azúcar con 4 cucharadas de cognac. Una bomba atómica es livianita al lado de esto!!!
Adivinaron. Efectivamente opté por el flambeado solo con cognac. No nos olvidemos que el escenario no era el frío invierno londinense junto a una cálida chimenea sino que la terraza de una caliente tarde de verano en Santiago.
La cosa es que todos comimos un tazo, no sabía mal, pero después de eso nadie se quiso repetir. Aguantó dos semanas en el refrigerador y su aspecto fue cada vez más lamentable. Después de esta experiencia, ni siquiera me hace ilusión probar cómo sería uno de verdad. Suerte para el que se anime!!



