Son las cuatro de la tarde, estoy sentada en el comedor tomando el resto de la cerveza que sobró de la base para freir el Congrio, el alto de platos, fuentes, cucharones y cubiertos sin lavar me sugieren que los cajones y estantes de la cocina deben estar completamente vacíos y las bolsas de Jumbo apiladas sin vaciar no son más que la cara amable para comunicar que esto de descansar no es lo que corresponde. Se imaginan cocinar como en la foto? Y eso que no tengo gato, si lo tuviera, este sólo sería uno más de los duendecillos que revuelven ollas, picotean lo que corto y se preparan sus propios platos a la par mía.Si yo tuviera gato este sólo podría estar parado sobre la torre de platos.
Es el tercer trago de cerveza, miro mi delantal cubierto de harina, la cara manchada de chocolate, las decenas de cáscaras de huevos repartidas por doquier y, en lo más profundo, me alivia de que mañana sea feriado y pueda relajarme un poco más con el horario de las comidas, de las duchas, de las tareas, de los juegos con los vecinos....hoy habrá manga ancha.
Aquí mis reflexiones.
1. Nada de ser super heroe. A quien se le ocurre hacer plato principal, acompañamiento y postre, por primera vez en la vida, y todo junto!!! Ahh y una torta para la hora del te.
2. Una vez más, paciencia. Fue tanta la maicena extra que le agregué a la crema catalana para que espesara de una vez, que ya fría quedó convertida en un verdadero ladrillo.
3. Ahhh los comensales no notaron ningún error y se lo comieron todo!!! la que no quedó contenta con los resultados fui yo.


